¿Se aprende el optimismo?

5 de marzo de 2025
Picture of Rosario Prieto Ramon

Rosario Prieto Ramon

La pandemia se está alargando mucho más de lo que todos pensábamos. En marzo de 2020, las predicciones indicaban que para el verano casi volveríamos a la normalidad y que en septiembre podríamos celebrar todas esas fiestas que quedaron pendientes.

Y aquí seguimos, tratando de poner nuestra mejor sonrisa, aunque nos cueste cada vez más. La desesperanza se extiende como una gota de gasolina en un charco, creando un reflejo de colores que oculta la realidad del asfalto roto. Superficialmente parece que hemos mejorado, pero es solo una ilusión temporal.

El agotamiento emocional

Estamos cansados. Cansados de ver siempre lo mismo en las noticias, de escuchar las mismas caras diciendo las mismas cosas, como si la vida se hubiera detenido y nada más importara. Sin embargo, el mundo sigue girando, aunque los medios no hablen más que de la COVID-19 y de sus víctimas.

Se ha instalado una sensación de cansancio por repetición, como en la película El día de la marmota: un día tras otro, siempre igual y sin perspectivas de cambio. Si acaso, algún día aparece una noticia diferente sobre algún desastre puntual, pero por lo demás, el mensaje se repite hasta el hartazgo. La rutina se ha convertido en una losa que impide moverse con libertad y energía.

El impacto psicológico de la pandemia

La pandemia ha traído algo más que enfermedad y muerte. Ha generado desazón, desilusión y desesperanza en una sociedad que ya estaba presionada, luchando por mantener una forma de vida cada vez más exigente.

Muchas personas han caído en el pesimismo sin darse cuenta, creyendo que es lógico sentirse así en tiempos tan inciertos. Quizás tengan razón… ¿tú qué piensas?

Tomar conciencia del pensamiento pesimista

¿Cómo te has sentido hasta aquí? Tal vez estas palabras ya no te afecten tanto porque, como todos, te has habituado a este estado de ánimo pesimista. Y precisamente eso es lo que quiero señalar.

Piensa un momento. Mientras leías, ¿en algún momento has pensado lo contrario de lo que aquí se dice? Si es así, te felicito. Significa que tienes criterio propio para ver más allá de la negatividad y que, de forma natural, buscas razones para mantener la esperanza y la ilusión.

Recuperar la ilusión

Nadie tiene la obligación de animarte, darte esperanza o infundirte aliento. Cada uno de nosotros tiene la facultad de tomar la iniciativa y buscar la positividad, incluso en los momentos más oscuros. En realidad, es lo único que podemos hacer, porque cualquier otra opción nos lleva a la apatía, el abandono y la destrucción.

La alternativa a la tristeza es la alegría, la ilusión y la esperanza, y esto se puede aprender.

La vida sigue, pero no estamos cuidándola como deberíamos. Dejamos nuestra existencia en stand-by, esperando a ver qué pasa, y mientras tanto perdemos ímpetu y motivación. No nos reímos lo suficiente, no abrazamos, no cuidamos la alimentación ni mantenemos vivas nuestras relaciones sociales.

Buscar nuevas aficiones, actitudes o reciclarnos laboralmente puede dar un giro a nuestra vida y ayudar a encontrar un nuevo sentido. Algún día podremos viajar de nuevo, comer una paella en Valencia, un pelmeni en Moscú o disfrutar de un fish and chips en Londres. Puede que ahora no se vea ni de lejos esa posibilidad, pero es necesario mantener la ilusión si queremos levantarnos cada día con ganas de seguir adelante.

El sentido de la vida según Viktor Frankl

«No hay nada en el mundo que capacite tanto a una persona para sobreponerse a las dificultades externas y a las limitaciones internas, como la consciencia de tener una tarea en la vida.»
— Viktor Frankl

Nuestra responsabilidad es encontrar esa tarea que nos dé esperanza y nos ilusione lo suficiente para que, ante circunstancias traumáticas e incontrolables, podamos seguir adelante.No es fácil mantenerse alegre en este momento. En realidad, cuesta mucho más ser positivo que negativo, pero vale la pena. Las ventajas de pensar en positivo se disfrutan en el momento y también a largo plazo. Con el tiempo, se convierte en un hábito contagioso que puede facilitarnos mucho la vida.

Ir al contenido