Cuando tienes todo lo que supuestamente debería hacerte feliz —un trabajo, una vivienda pagada, una pareja, incluso hijos que solo traen las preocupaciones propias de la edad— pero, aun así, sientes que nada de lo que tienes te llena, todo resulta muy confuso.
Los pensamientos negativos dominan tu día a día sin que puedas evitarlo. Te desvalorizas, no te sientes capaz, crees que nadie te necesita ni te echaría de menos si desapareces.
Vives sin motivación, pierdes el interés por ponerte metas, no encuentras razones que guíen tu comportamiento y te quedas sin energías incluso para llevar a cabo las actividades más cotidianas. Puede que incluso pierdas el interés por comer o cuidar tu higiene, todo te da igual.
Sientes que hay algo malo dentro de ti, que estás atrapado en una trampa sin salida, que tu vida solo puede ir a peor.
Te has convertido en una persona irritable, con cambios de humor constantes. Comienzas a pensar en rendirte, te frustras por todo y la apatía se instaura en tu día a día.
La desmotivación se caracteriza por una pérdida en la respuesta emocional. Lo que antes te animaba ahora no tiene atractivo, has perdido las fuerzas, no tienes ganas de nada y te cuesta mantenerte en movimiento. Es la pescadilla que se muerde la cola: como no haces nada, no encuentras motivos para animarte y, por lo tanto, te desmotivas aún más.
La desidia puede comenzar en un área concreta, como el trabajo, pero si no la afrontamos a tiempo se expande a otros ámbitos de la vida: la pareja, los amigos, la vida social o familiar. Entonces llegan las preguntas trascendentales:
- ¿Qué estoy haciendo con mi vida?
- ¿Cuál es mi objetivo en este mundo?
Si esta etapa se alarga demasiado, puede desembocar en una depresión.
Qué podemos hacer en consulta
- Descartar causas físicas que puedan estar afectando tu estado de ánimo.
- Identificar y cambiar pensamientos irracionales que generan desesperanza.
- Aplicar terapia de reestructuración cognitiva para modificar creencias negativas.
- Terapia de autocontrol de Rehm, basada en tres procesos:
- Automonitorización o autoobservación.
- Autoevaluación para analizar pensamientos y emociones.
- Autorrefuerzo o autocastigo según la autoevaluación realizada.
- Ejercicios para aumentar la autoestima y fortalecer tu confianza.
- Crear un programa de estilo de vida saludable, incorporando ejercicio, descanso, alimentación equilibrada, momentos de diversión y técnicas de relajación.
Recuperar la motivación
Mirando dentro de uno mismo podemos encontrar la motivación y la ilusión que nos impulsa a vivir una vida plena. Todos podemos hacerlo, solo hay que encontrar el método que mejor funcione para ti, seguir unas pautas y perseverar el tiempo suficiente hasta integrar el aprendizaje.