Aprender a quererme para sentirme mejor

Picture of Rosario Prieto Ramon

Rosario Prieto Ramon

¿Es necesario un entrenamiento para esto?

Efectivamente, es necesario aprender a querernos cuando somos adultos si no lo hemos aprendido en la infancia. No es un curso imprescindible ni hay que esperar años para hacerlo. Se trata de empezar en el momento en que nos damos cuenta de que ni en el colegio, ni en casa, ni en la televisión nos enseñaron a hacerlo. En lugar de quejarnos o culpar a quienes no supieron enseñarnos amor propio, nos ponemos manos a la obra y buscamos cómo cambiar eso.

Es un proceso que se repite en las familias, transmitimos los aprendizajes incluso sin ser conscientes de ello. Los bebés lo observan todo, los niños también, y es natural, ya que están aprendiendo a desenvolverse en un mundo completamente nuevo para ellos.

Si somos educados, ellos aprenden educación, pero si constantemente nos preocupamos por los demás y nos dejamos para el final, también lo aprenden. El amor propio lo absorbemos de los adultos que nos rodean: si ellos se cuidan y se valoran, aprendemos a hacerlo; si no, no tendremos un referente para saber cómo atendernos a nosotros mismos.

Más tarde, ya de adultos, la consecuencia lógica es que nuestros hijos, sobrinos, nietos o hermanos pequeños van a imitarnos y serán muy parecidos a nosotros: poco dispuestos a observarse, atenderse o cuidarse, tal como han visto que hacíamos. Estos niños, que crecieron a nuestra sombra, tenderán a dar más atención a los demás que a sí mismos.

Pregunta Nº1: ¿Cómo aprendo a quererme?

Es básico, pero antes hay que descubrir si realmente me quiero o no.

Pregunta Nº2: ¿Cómo sé si me quiero o no?

Si te haces esta pregunta, es porque sueles reflexionar poco sobre ti mismo. Con lo cual, la siguiente pregunta es clave…

Pregunta Nº3: ¿Me conozco realmente?

Aquí está la clave: conocerte para saber tus necesidades. Todo lo que has heredado, vivido y compartido ha dejado una huella en ti. Esto significa que eres especial, distinto y único.

Por eso, todos los consejos que recibes de amigos y familiares están impregnados de sus propias experiencias y de lo que a ellos les ha funcionado. Exacto, a ti no te funciona lo que te aconsejan, porque tú eres diferente. Necesitas verte tal como eres para descubrir qué es lo mejor para ti.

Vamos entonces a buscar soluciones

Comencemos por el final: conocerte

Para conocerte necesitas tiempo a solas, observar cómo reaccionas en diferentes situaciones, analizarte cuando tu estado de ánimo cambia, escribir aquello que te sorprende o quieres aprender, observar qué admiras en otras personas y ver si aprender de ello te ayudaría.

También necesitas socializar, notar tus diferencias con los demás, aceptar lo que piensan sin sentirte atacado y ponerte a prueba hasta reconocer ciertas carencias (que, al identificarlas, no te hacen peor). A la vez, es importante afianzar tus valores y encontrar lo que realmente te hace sentir bien.

Para conocerte, debes probar cosas nuevas, aquellas que antes evitabas pensando que no eran para ti. Tal vez ahora puedas ser más libre de elegir. Conocerte también implica pasar tiempo a solas sin buscar distracciones externas (como redes sociales), plantearte preguntas personales y leer sobre filosofía, porque, al final, todos somos más parecidos de lo que creemos en lo esencial.

Y, sobre todo, darte tiempo. Este proceso bien puede llevarte un par de años hasta que realmente sientas que te conoces un poco más. Es un aprendizaje constante en el que irás modificando cosas.

Lo importante es que, en este camino, aprendas a ser consciente de tu individualidad y de tu amor propio.

No vale decir, al cabo de una semana: «Esto es muy difícil, llevo siete días y aún no he visto resultados». Así no se consigue nada, absolutamente nada.

Tienes un largo recorrido por delante. No siempre encontrarás ayuda ni las cosas saldrán como esperabas. Por eso, necesitas un amigo que esté contigo las 24 horas del día, pendiente de tu bienestar.

Ese amigo/a está dentro de ti. Es tu propia mente. Quizás hayas notado que a veces te boicotea con pensamientos negativos, otras te asusta, y otras te hace creer cosas que te bloquean. No siempre ha jugado a tu favor, pero ahora puedes empezar a aceptarte, priorizarte y apoyarte siempre.

Ese es tu privilegio.

Ahora sí puedes empezar a cuantificar cuánto te quieres, por encima de qué, de quién y por qué motivo.

Seguro que alguna vez le has dicho a alguien: «Te quiero más que a nada en el mundo, por siempre jamás». O, al menos, lo has pensado.

Pero, ¿te lo has dicho a ti mismo?

Seguro que no. Lo que sí has aprendido es a decirte: «Qué tonto, mira lo que he hecho». Pero nadie te enseñó a decirte: «Soy genial, qué rápido aprendo, voy a seguir trabajando en ello para mejorar».

Para hacer una valoración correcta de si realmente te quieres, prueba lo siguiente:

  1. Háblate bien en tus pensamientos durante un par de días.
  2. Al tercer día, dile a tres personas cercanas tres cosas buenas sobre ti (sin prepotencia).
  3. Observa cómo te sientes.

Si te sientes bien con ello, significa que te valoras y que eres capaz de quererte. ¡Vamos bien!

Obviamente, esto es solo el inicio, una primera valoración que te hará tomar conciencia de lo que necesitas.

Lo siguiente es aprender a quererte sin depender de la aprobación de los demás, sin importar si estás rodeado de gente o si te lo dicen o no.


Finalmente, permíteme señalar algunas cosas que NO son amor propio:

  • No es creerse mejor que los demás.
  • No es juzgar a los otros.
  • No es pensar solo en tu beneficio.
  • No es hablar constantemente de ti para demostrar lo bueno/a que eres.
  • No es agradar a todo el mundo para que te quieran.
  • No es querer ser siempre el/la mejor.

Amarse es aprender a respetarse, priorizarse y cuidarse sin necesidad de compararse con nadie.

Ir al contenido