Para tener éxito en la vida, siempre se ha pensado que es necesario ser inteligente. Tener un CI (coeficiente intelectual) alto ha sido sinónimo de poder, dinero y triunfo. Se cree que significa, al menos, que te defenderás bien en la vida y alcanzarás tus metas.
Pero, ¿qué pasa si no naces con una inteligencia alta? ¿Eso significa que no triunfarás? ¿Que no serás nadie en la vida? ¿Solo la gente muy inteligente ha alcanzado el éxito?
Estas y otras preguntas han sido estudiadas en la investigación científica durante años, llegando a diversas conclusiones:

Hay muchas personas inteligentes que no logran destacar en lo que han estudiado o les apasiona.
Hay personas menos inteligentes que viven de lo que les gusta y son felices.
Hay personas que han triunfado (independientemente de su inteligencia), pero no son felices.
Hay quienes no buscan el éxito y prefieren un estilo de vida más sencillo, sean inteligentes o no.
Hay personas con el mismo CI, pero algunas triunfan y otras no.
Muchas personas con gran inteligencia no buscan el éxito, sino su bienestar personal.
Podríamos seguir enumerando diferencias, pero con estas ya podemos ver una realidad importante: tener un CI alto no garantiza el éxito ni la felicidad.
Entonces, ¿qué es lo que realmente marca la diferencia?
La clave está en la IE (inteligencia emocional)
Peter Salovey y John D. Mayer han sido los principales investigadores en inteligencia emocional, pero fue Daniel Goleman, con su libro «La inteligencia emocional. Por qué es más importante que el coeficiente intelectual» (1995), quien popularizó el concepto.
Este libro permaneció un año y medio en la lista de best sellers del New York Times, vendió más de 5 millones de ejemplares, fue traducido a 40 idiomas y cambió la forma en que muchas personas entendían el éxito.
Hoy sabemos que es posible aprender a desarrollar habilidades como:
- La empatía.
- La gestión emocional.
- El control de los impulsos.
- La constancia.
- La motivación personal.
- La capacidad de adaptación social.
Estos comportamientos suelen adquirirse en casa y a lo largo de la vida. Sin embargo, también pueden aprenderse de forma rápida y efectiva en terapia.
Según estudios científicos, la terapia cognitivo-conductual es el mejor método para desarrollar la inteligencia emocional. A través de este enfoque, se aprenden nuevas formas de pensar y actuar, permitiendo cambiar patrones negativos y desarrollar mayor control sobre las emociones.
Gracias a la plasticidad neuronal, podemos cambiar a cualquier edad, siempre que exista la voluntad de gestionar nuestras emociones y trabajar en la transformación personal.
La inteligencia emocional y el éxito
Según Goleman, el CI solo influye en un 20% del éxito en la vida. El 80% restante depende de la inteligencia emocional.
Por eso, una persona puede tener una mente brillante a nivel intelectual, pero ser incapaz de entenderse a sí misma o comprender a los demás.
Afortunadamente, existen formas sencillas de aumentar nuestra inteligencia emocional sin necesidad de hacer un máster. A continuación, te dejo algunas pautas básicas para empezar a desarrollarla.
Aumenta tu inteligencia emocional si…
- Aprendes a mantener la calma en momentos de tensión. Las emociones externas no tienen por qué convertirse en tuyas. Déjalas pasar si no te pertenecen, así pensarás con claridad.
- Enfrentas tus emociones y les pones nombre. Hay cuatro emociones básicas: alegría, tristeza, enfado y miedo. Algunos autores añaden sorpresa y angustia. Aprende a reconocerlas y gestionarlas.
- Escuchas críticas sin que te afecten. Observa qué emociones generan en ti y tómalas como una oportunidad para mejorar y conocerte mejor.
- Prestas atención a tu lenguaje no verbal y al de los demás. Tu postura, respiración, tensión muscular y otras señales físicas reflejan tus emociones internas. Identificarlas te ayudará a regularlas.
- Expresas tus sentimientos sin victimismo. Las emociones son automáticas, pero los pensamientos que generas sobre ellas pueden modificarse, evitando el sufrimiento innecesario.
- Pones límites a los demás sin culpa. La asertividad te permite defender tus derechos sin ser agresivo ni ceder ante las exigencias ajenas.
- Adoptas una actitud empática y social. La inteligencia emocional se desarrolla practicando y repitiendo conductas, hasta que se convierten en hábitos naturales.
- Aceptas, aprendes y agradeces. No siempre tendrás la razón ni todo sucederá como esperas. Acepta la realidad, respeta a los demás y agradece lo que tienes.
El desafío de Aristóteles
«Cualquiera puede enfadarse, eso es algo muy sencillo. Pero enfadarse con la persona adecuada, en el grado exacto, en el momento oportuno, con el propósito justo y del modo correcto… eso, ciertamente, no resulta tan sencillo.»
— Aristóteles, Ética a Nicómaco
Eso sí es inteligencia emocional.