Combatir la adicción a los móviles en niños y jóvenes
Desde la psicología y otros sectores de formación se busca concienciar a los padres para que, tanto ellos mismos como sus hijos, hagan un uso adecuado de las nuevas tecnologías (móvil, ordenador, tablet), ya completamente integradas en el hogar. El mensaje es claro: en casa se puede enseñar a restringir o controlar el uso de los teléfonos móviles con conexión a internet.

Sentados en clase y también después de clase
Se está creando una generación de personas dependientes como nunca antes, y las consecuencias son imprevisibles.
El problema comienza cuando los padres regalan a sus hijos de 11 o 12 años, o incluso más pequeños, un smartphone de última generación con acceso a internet. No son pocos los padres que lo hacen. De hecho, un porcentaje muy alto de niños recibe su primer móvil a esta edad, y para los 14 años casi todos ya tienen su propio dispositivo sin restricciones en su uso.
El aprendizaje comienza pronto: en casa encuentran suficientes móviles para practicar
Comprar un móvil a un niño es el primer error. El segundo es no ofrecerle formación sobre su uso, lo que hace que, guiado por su curiosidad, termine explorando páginas y contenidos no siempre adecuados para su edad.
Internet es un mundo paralelo donde todo tiene cabida. Cualquiera con conocimientos básicos de informática puede publicar información en la red sin contrastarla, sin necesidad de demostrar si es cierta o no. Lo peor es que esa información permanece en el ciberespacio para siempre y al alcance de cualquiera.
Un límite difuso entre lo legal y lo peligroso
Una línea muy fina separa algunos de los contenidos de internet de la legalidad. A menudo, las plataformas digitales van por delante de las propias leyes, y muchas veces estas no logran predecir las consecuencias ni establecer límites claros.
Ante la dificultad de controlar todo lo que se publica en internet, ya no sorprende encontrar información sobre cómo construir una bomba, fabricar drogas de diseño o acceder a contenidos de pornografía, pedofilia o masoquismo. Todo esto está a un clic de distancia para cualquier niño con un móvil y conexión a internet.

Las amenazas en la red son reales para una mente en crecimiento
Existen páginas web que fomentan trastornos como la anorexia, la violencia machista o retos virales peligrosos, como el de La ballena azul, que supone un riesgo real para la vida.
Los engaños a menores y el ciberacoso son otros de los peligros que acechan a niños y adolescentes. Sin embargo, los padres pueden protegerlos con algo tan simple como educación, control y formación.
Actualmente, los estudios están enfocados en comprobar si los niños que crecen expuestos a estos contenidos terminan normalizando esos comportamientos y si los repiten al interiorizarlos como parte de su concepto de la vida.
Si tenemos en cuenta que el cerebro no termina de desarrollarse completamente hasta los 25 años, podemos imaginar la confusión que puede sentir un adolescente ante la avalancha de información sin clasificar y sin un adulto que lo guíe.
Su cerebro aún es inmaduro y no sabrá procesar adecuadamente ciertos contenidos que encuentra en las redes.
La adicción puede convertirse en un suplicio
Por otro lado, es importante considerar las consecuencias físicas de pasar tantas horas frente a una pantalla, sin hacer ejercicio ni relacionarse en persona con su entorno.
Un cuerpo en crecimiento necesita movimiento, y todo lo que ello conlleva:
Estimulación del apetito.
Mayor oxigenación del cuerpo y la mente.
Fortalecimiento muscular.
Interacción con otros niños y adolescentes.
Además, valores esenciales como la empatía, la compasión, la generosidad, la honestidad, la gratitud, el respeto y la responsabilidad se aprenden únicamente a través de interacciones reales.
Las relaciones cara a cara, el contacto visual y la comunicación directa siguen siendo fundamentales para el desarrollo personal y social.